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Historia de un embarazoso arlequín

Hace un par de años mi amigo Félix me regaló una tabla de madera que le sobraba por si me servía para pintar. Era pino muy bien tratado, pero alargado, y mis cuadros suelen ser bastante anchos por lo que era una buena oportunidad de introducir nuevas formas en mi estilo. Desde hace años tengo pensado un retrato de Canetti de forma alargada, y parecía la ocasión perfecta, pero me hizo retractarme que el cuadro que quiero hacer de Canetti (aún años después todavía no lo he llevado a cabo, porque no es todavía el momento) requiere una altura mucho mayor para hacer énfasis en lo exagerado de las formas que tengo en mente, así que debía pensar otra cosa.

 

Normalmente cuando pinto no fuerzo las cosas, no me detengo a pensar qué quiero hacer sino que espero a que "salga solo" de mi cabeza. Y así fue, dejé la tabla sobre el sillón de mi casa, como si de un huésped más se tratara, y hacía mi vida con normalidad ocupándome entre tanto de otros proyectos. De cuando en cuando pasaba por delante de la madera y la miraba desafiante, pero continuaba mi camino. Hasta que un día, sencillamente, se me ocurrió este cuadro. Pero...

 

 

 

Pero he de comentar un detalle peculiar del asunto, y es que en el momento en que me vino la inspiración para la pintura estaba embarazada y mi idea debía llevarse a cabo con óleo. Todo el que trabaje con este material sabe que no es baladí y requiere de emplear aguarrás, aceite de linaza, y en varios líquidos que no conviene respirar durante el embarazo. ¿Qué hacer entonces? Sencillo: usar una máscara de gas que filtrara los vapores y poder continuar pintando. El resultado fue esta peculiar fotografía: 

 

 

 

 

 

 

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